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viernes, 10 de septiembre de 2010

La oportunidad


Está visto que la naturaleza es sabia. El supuesto azar responde a leyes concretas o imaginables por la mente humana y si bien un hecho aislado puede ser inesperado, este desata una reacción en cadena más o menos cuantificable. El azar y el caos sirven para crear modelos matemáticos que expliquen movimientos incontrolados, crecimientos aleatorios, fenómenos meteorológicos, comportamientos humanos o problemas irresolubles simplemente con la estadística. A pesar de todo, sigue siendo pura teoría, pero bueno, para andar por casa, ya nos sirve la ley de la gravedad.


Ayer no leí los periódicos, no vi las noticias, no escuché la radio y apenas presté atención a lo que se decía en twitter. Pero hoy no, me he levantado y he encendido la radio, he revisado la prensa y me he encontrado con la tempestad: sindicatos, inmigrantes, islamistas, primarias, Zapatero y algo que habré olvidado.


Como explican muy bien Naomi Klein, Alfonso Cuarón y su hijo Jonás al realizar un corto basado en el libro “The shock doctrine”, cuando peor van las cosas, mejor es la oportunidad para introducir cambios. La idea en principio no tiene porque ser negativa ya que como en una explosión, la metralla va en todas direcciones. El problema es que al igual que con la teoría del caos, esta teoría del shock la tiene muy clara el mercado, el capital y la derecha, a la que no pongo calificativos por no redundar ya que derecha es derecha.


Ya hace años que se agitó la sábana del revisionismo histórico de una manera marginal, casi inapreciable y ahora personajes antaño desprestigiados como Pio Moa, se convierten en referencia y canales como intereconomía han pasado de ocupar el último puesto de los canales del paquete básico de cualquier plataforma digital a conquistar la parrilla de la TDT. Ahora que Alemania dice que se queda sin mano de obra y que necesita inmigrantes, eso sí, de calidad, en plena crisis mundial, se justifica la expulsión de los gitanos en Francia, se propone quemar Coranes el 11 de septiembre y casualmente aquí sacamos una encuesta en la cual, según La Razón, se demuestra que a más de la mitad de los españoles les caen mal los musulmanes y que los judios también, pero no tanto. Con motivo del encuentro de los sindicados en Vistalegre con la excusa de la convocatoria de la huelga general del 29 de septiembre, se aprovecha no para criticar una deficitaria gestión o una mala decisión de los sindicatos, directamente se va a poner en duda su labor, a convencernos de su inutilidad. Y ya por fin, acercándonos a la fecha de la huelga general, nos encontramos cambiando los eslóganes en defensa de los derechos, de nuestros derechos, por buena casquería para linchar al gobierno, sin matices, decapitando al líder. Por cierto, se me olvidaban las primarias de Madrid, aunque en este punto a la izquierda no le hace falta mucha intervención de la derecha, ya que mientras que una parte asiste desconsolada al espectáculo, la otra se dedica a tirar piedras sobre su propio tejado: “Tú tira que yo voy a buscarte más.”


Y mientras tanto, ¿qué hace nuestra derecha?, esa derecha tan criticada pero en el fondo tan comprendida, porque vamos a ver, ¿qué hay que responder ante una pregunta como la de la nueva encuesta de La Razón?


Desde que Ana Botella nos enseñó a sumar peras con manzanas, es posible relacionarlo todo.


Pues nada, comprar palomitas, sentarse, disfrutar del espectáculo y esperar el momento justo para entrar triunfante, para hacer de la demagogia y la falacia un trono desde el que seguir mirándonos con desprecio.


Y yo me pregunto hoy: ¿Cuándo se propondrá la desaparición de los sindicatos? ¿Cuándo el derecho a huelga dejará de serlo? ¿Cuándo nos convencerán de que el subsidio por desempleo no es un derecho y que solo mantiene a los vagos? ¿Qué es eso de que el estado nos pague las pensiones? Sí, sí, llamadme alarmista pero recordemos cuál era nuestra opinión sobre la colocación de cámaras en el centro de las ciudades hace unos pocos años. Seguro que más de uno se lleva una sorpresa o simplemente piensa que no es para tanto, si en el fondo “es por nuestro bien”.


¿Cuándo empezó todo esto? ¿Qué pasó para que no reaccionásemos a tiempo? No sé, pero el refranero popular ya se anticipó hace tiempo a la teoría del caos y a la teoría del shock, con su: “siembra vientos y recogerás tempestades”.


¡REACCIONEMOS YA!


martes, 7 de septiembre de 2010

Post-it


El domingo volví a casa, a mi rincón, a mi agujero, aquí.


Los domingos se han convertido en mi día de vuelta: dos horas y media de viaje sumando matrículas y olvidando números a la misma velocidad, dos horas y media de radio y unos minutos de parada esporádica a mitad de camino.


Como cada domingo dejé la bolsa encima de la mesita del comedor, saqué el portátil y un par de calcetines hechos una bola, preparé la cena y me acosté.


Programación de domingo, bueno, con el cable no existen programación de domingo, no existen los fines de semana, ni los dibujos del sábado después de comer ni la película de “sesión de tarde”. Todo es plano. Nada es único. Nada sorprende.


Me quedé dormido más o menos a las diez y mucho, antes de que el temporizador de la televisión hiciese su trabajo. Once, doce, una… seis y sonó el despertador.


Ya era lunes, semana nueva.


A las ocho fui a ducharme, me miré al espejo y casi con sorpresa me dije: “No recordaba esa barba en mi cara.”


No sé por qué, bueno, puede que sí, da lo mismo, pero hice una foto al espejo, lo apunté en un post-it y lo pegué en la parte de abajo del teclado.


Tengo la mesa y la cartera llena de post-it. Me preocupa olvidar. No quiero olvidar.


lunes, 30 de agosto de 2010

Ansiedad


Hoy he vuelto a madrugar. Ya hacía dos semanas que me dejaba llevar por las mañanas y que miraba el reloj sólo de vez en cuando y de refilón. Pero hoy he vuelto a la rutina, a recuperar el día a día y a organizar la jornada antes de que salga el sol. El despertador ha sonado de nuevo a las seis, he jugado un rato con los cinco minutos de repetición de la alarma, me he levantado, me he mirado al espejo, he preparado el café y he encendido una vez más el ordenador.


Recuperar los hábitos puede convertirse en algo cansino y penoso. Volver a lo ordinario para dejar de lado lo extraordinario descoloca un poco, por no decir bastante, pero puede que sea necesario recuperar el paso cansino. Ya se sabe, la intensidad es rápida como la luz y efímera como un chispazo y no hay cuerpo que aguante un subidón eterno.


Volver, nos fija al suelo, nos proporciona rutina y nos devuelve los hábitos de vida y de trabajo, en resumidas cuentas, nos regala una nueva hoja en blanco, a veces inmensamente pesada y vacía, para ir llenándola de futuro, de deseos, de esperanzas o simplemente de humo.


Volver también suele convertirse en un alivio al recuperar el control total del entorno, otra cosa es que lo neguemos o que una vez hecha cierta la frase: “como en casa en ningún sitio”, queramos volver a tener lo que hemos dejado atrás. Conformarse con el ahora, saber apreciar el momento justo y dejar de lamentarse por lo que pudo ser, no ha sido nunca tarea fácil: quítame algo para que automáticamente lo convierta en objeto de deseo, dime que sí para que empiece a negarlo todo o háblame de la luna de hoy para que eche de menos el sol de ayer.


Mira tú por donde, parece ser que tanto la ida como la vuelta nos generan ansiedad: ansiedad por ir hacia lo deseado y ansiedad por volver a lo conocido.


No sé, puede que sea parte de nuestra esencia pisotear las margaritas que plantamos ayer por coger las nuevas de hoy o generar cambios bruscos en el día a día para hacer antagónicas las horas de trabajo con las de ocio. El caso es que cualquiera de los trayectos que andemos o cualquiera de los momentos que vivamos, se convierten en rutinas, diferentes, es cierto, pero rutinas. Rutinas en las que recogemos día a día un nuevo reloj envuelto en celofán, lo desenvolvemos y contamos con ansiedad cuántos quedan en la caja, cuántos faltan para poder abrir una caja nueva. Contando, contando y perdiendo los detalles de cada reloj, deseando abrir el siguiente y añorando el anterior.


Está visto que la estancia en cualquiera de los trayectos, también genera ansiedad.


Voy a ver qué está pasando en el mundo.


lunes, 16 de agosto de 2010

Hasta la vuelta


Estos días, preparando la siguiente entrada del blog, he ido apuntando cosas, ya sabes: libreta por aquí, documento de Word por allá. Ideas sueltas, frases merecedoras de ser finales de relatos, palabras que me recuerden algo, comentarios estúpidos, un poco de todo. Pero ahora que me he sentado dispuesto a escribirla, no sé, no me queda muy claro de qué hablar.


Tenía pensado hablar de cómo no sé separar lo personal de la noticia o del comentario que hago. Aunque bueno, también me pasa en lo profesional y claro, así me va, acostándome todas las noches con mis clientes y levantándome con sus problemas. Pero este no es el tema de hoy, porque hoy no quiero hablar de esto.


Otro tema posible era la eterna sensación de estar metiendo la pata o creer que me están tomando el pelo. ¿No os pasa a vosotros? Así me volví a sentir ayer releyendo algunos de mis tweets antiguos y comentarios en otros blogs. Fue entonces cuando escribí uno de mis apuntes: “Asomarse por la ventana y opinar sin tener ni idea ni derecho a hacerlo”. En serio, ¿no te has sentido nunca manipulado por buena fe, por orgullo o simplemente por desinformación? Menos mal que, enlazando con la primera idea, la falta de objetividad me mantiene a salvo de creerme ser algo que no soy. Pero bueno, aunque es una buena idea de inicio, hoy no toca escribir sobre esto.


La verdad es que debería escribir sobre lo que era realmente el gran tema, el inicio de ese guión: la madurez. Este es un tema recurrente y que cada cierto tiempo llama a mi puerta. ¿Cuándo sabe uno que ha alcanzado ese estado? ¿Es un estado límite? ¿Es la marca del adulto? Yo, no lo sé, quizás por eso siga haciéndome esas preguntas. ¿Será por eso que mis enfados parecen rabietas? ¿Será por eso que soy capaz de disfrutar tanto con una película de zombis como con un buen relato? ¿Será por eso que soy capaz de hacer tantos paralelismos como quieras entre los Simpsons y lo que pasa cada día en el mundo? ¿Qué no te has comprado la PS3? Para, para, que este es un tema que da para una entrada entera.


Me parece que hoy no va a ser el día, así que seguiré estos días de vacaciones madurando mi futura entrada y dando forma a las ideas.


Nos leemos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Lo que digo y lo que quiero decir


Esta mañana, trabajando en una hoja de cálculo, me ha surgido una duda referente a las macros en Excel.


Por si alguien no sabe de lo que hablo, las macros son programas ejecutables que se insertan en un documento y permiten por ejemplo: automatizar procesos, avisar con ventanas emergentes, etc., en definitiva, herramientas que visten de gala una aburrida hoja de cálculo. Estas macros, una vez insertadas en el documento, necesitan un interruptor, es decir, un botón que active el programa en cuestión y ejecute la rutina programada.


Pues eso, que mientras andaba liado con las fórmulas, datos necesarios, datos informativos, datos estimados, me ha surgido una duda: ¿cómo puedo activar una macro sin necesidad de pulsar un botón? He revisado algún ejemplo que tenía, apuntes sueltos y al final he acabado acudiendo a ese gran invento que son los foros y los blogs. Abro el Firefox, aparece Google y tecleo:

macro sin botón


Aprieto el botón de búsqueda y… El resultado. Totalmente desconcertante:


Quizás quiso decir: macro con botón


Ante esta propuesta, insinuación o espejo del subconsciente, ¿qué hacer?, ¿seguir como si nada?, ¿hacerle caso a Google?, ¿fiarme del resultado del botón?


¿Hacia dónde vamos?... No sé, puede que mañana haga la prueba y lo teclee en el buscador.


Aunque los tiros iban por otro lado, acabaré con una frase de ese gran Arquitecto y maestro, Frank Lloyd Wright: “Si la cosa sigue así, al hombre se le atrofiarán todos los miembros salvo el dedo de apretar botones.


martes, 10 de agosto de 2010

Es por tu bien


Tendría unos diez años, más o menos, cuando me compraron aquellos pantalones amarillos. Yo no los quería, me sentía ridículo con ellos. El color estaba bien pero me quedaban muy ajustados y se me transparentaban los calzoncillos, y aunque siempre he sido un poco payasete, también he sido algo pudoroso. El caso es que no sé muy bien por qué, pero no me negué: porque no sé, porque no me sale o por comodidad, no estoy muy seguro de la razón, pero acabé con unos pantalones de marca, de “gran calidad”, la envidia del vecindario, pero con los que no me sentía a gusto.


No sé si recordáis el capítulo de Los Simpson, en el que Seymour Skinner y Edna Krabappel se lían en el cumpleaños de Martin Prince. A partir de ese día, intentan llevar en el anonimato su historia de amor. El problema es que en el colegio es complicado y claro, un día les descubren besándose en el almacén de materiales. Acusados de tener relaciones sexuales en el colegio, acaban despedidos. Como Bart se siente responsable por haberles descubierto, habla con Skinner para que evite el despido, para que tome las riendas de su vida y que no acabe como siempre, haciendo lo que le dicen los demás: su sargento en Vietnam, su madre, el superintendente Chalmers, etc.


Puede que esa parte del perfil de Skinner sea muy parecida a la mía y a la de muchos de nosotros. Dejar de decidir es muy cómodo, uno se deja llevar y algo pasará. Es cierto que a veces no es tanto un problema de pasividad, como de exceso de confianza o simplemente de estupidez, ya sabes, que le toman a uno el pelo, o que se lo deja tomar.


Pero sigamos con la historia, ¿qué pasó después de salir del probador con esa cara de “esto no me gusta”? Pues que acabé cargando con la bolsa que contenían ese par de pantalones deseados por todo el mundo, menos por mí, claro está.


Como todo en este mundo, incluida la pasividad y el exceso de confianza, llevan inercia. ¿Quién es capaz de parar años y años en línea recta? ¿Quién es el guapo que desvía la trayectoria del cometa? Yo todavía sigo preguntándome cómo hacerlo y puede que al PSM le suceda lo mismo.


A veces, lo mejor no es lo necesario.


jueves, 5 de agosto de 2010

1+1=1


Viendo los datos que arrojan el balance semestral del Ministerio de Igualdad presentados por el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, parece que algo no cuadra. En pleno siglo XXI, siguen aumentando las muertes de mujeres a manos de sus parejas y lo que es peor, seguimos justificando el maltrato como algo inevitable, como un hecho que sucede dentro del ámbito privado de cada casa: “Eso no es cosa mía. Yo no puedo hacer nada. Son problemas de pareja.”. Seguimos creyendo que el maltratador es alcohólico, drogadicto, con problemas psiquiátricos o inmigrante, ya sabes, de otra cultura. Por algún motivo necesitamos alejar de nosotros, tanto como sea posible, el perfil del maltratador y que además las razones, sus razones y sus motivos tengan una explicación rápida, lógica y sencilla. Pero, ¿qué pasa cuándo nada cuadra?, ¿cuándo el maltratador es “totalmente normal”?, aparece el: “Esto son cosas que pasan. A veces es inevitable. Las cosas son como son.”


El maltrato sigue siendo tabú, algo de lo que no hay que hablar porque es motivo de vergüenza. Lo triste de todo esto es que no lo es tanto para el maltratador como para la maltratada. No sé qué es peor, la marca de la paliza o el estigma de mujer maltratada que llevará de por vida, porque como opina el 40% de los encuestados y la mayoría del 60% que calla: “Es culpa suya por no haberse ido de casa”.


Ayer vi el corto “El orden de las cosas”, de los hermanos Alenda, y la idea me gustó porque sigue la línea de “Te doy mis ojos”. A diferencia de otras películas, no parte de una visión única, no simplifica el problema, intenta ir algo más allá y acerca el problema. Cada vez estoy más convencido de que muchas de las campañas de denuncia y de noticias sobre maltrato, acaban volviéndose en contra de la víctima, y que más que ayudarlas, acaban culpabilizándolas y escondiéndolas más y más. Hay una parte importante de la historia que inconscientemente olvidamos o que realmente queremos olvidar: La mayor parte de las parejas que sufren maltrato, tienen un origen común con el resto de parejas: “el amor”. Los vínculos que llevan a dos personas a iniciar una vida en pareja o a tener hijos en común, no son tan sencillos de romper, y por muy ilógico que parezca, muchas veces la mujer maltratada sigue queriendo al maltratador. ¿Quién soy yo para culpabilizar a esa mujer? ¿Qué hago, ayudo o señalo?


Sigamos con las preguntas: ¿Cuántos casos de maltrato conocemos ? ¿Cuántos de ellos son de vecinos? ¿Cuántos pertenecen a personas cercanas? ¿Cuántos maltratadotes conoces en tú familia? ¿Has consentido el maltrato? ¿Has maltratado alguna vez? ¿Qué harías tú si fueses víctima de maltrato?


Es fácil opinar, dar consejos, criticar y culpabilizar cuando uno evita mirarse al espejo e intenta verse tal y como es, con todos sus miedos y contradicciones, con todas sus puñetas, con toda la vergüenza que arrastra, con la herencia de la abnegación y del cinturón.


miércoles, 4 de agosto de 2010

Día raro


Hoy me ha dado por revisar entradas, ya sabes, como cuando le entra a uno la necesidad de ordenar la mesa. No entiendo muy bien ese proceso, esa necesidad de hacer balance, de alejarse un poco y mirarse, de desempolvar cajas dormidas.


La verdad es que el día ya ha empezado de manera sensiblemente diferente. He estado desde las cinco de la mañana durmiendo en intervalos de cinco minutos, con el móvil en la mano y el dedo preparado para el siguiente aviso. No sé muy bien cómo, pero al final, el móvil ha pasado del juego y me ha dejado dormir más de la cuenta:


- ¡Casi no llego!

- ¿Dónde?

- ¡No sé, pero casi no llego!


La mañana ha pasado lenta y he hecho cosas no habituales, incluso he desayunado, cosa que no suelo hacer, pero he creído que un café y una magdalena de chocolate me centrarían un poco. Nada, no ha pasado nada, todo igual, bueno, no todo: ardores en el estómago y he ordenado la mesa. Algunos dirían que realmente he movido las cosas de sitio, pero llámalo como quieras, el proceso mental se ha producido.


Mesa ordenada y todavía las doce. He empezado a leer entradas viejas. Como sospechaba: Ni tan bueno, ni tan ingenioso, ni tan nada de nada… Bazofia.


Me he deprimido un poco más, pero bueno, casi han pasado las seis horas, a las tres de vuelta a casa.


Quítate la ropa sudada, lávate las manos y haz la comida. Enciende el ordenador… ¡NI NO NIIII, NOOO NIIII! Ya está, pen drive y a imprimir como un loco que mañana hay que entregar las carpetas.


Imprimir, cortar, doblar, taladrar, encuadernar y firmar.


He seguido pensando. Cuarenta años y algunos recuerdos. Uno, cinco, diez, veinte años en otro tiempo, en otro sitio.


Busco humo por Internet. ¿Ordeno la mesa? No, mejor le hago una foto.


Pues sí, ha sido un día raro.

sábado, 31 de julio de 2010

Arte, cultura, sangre y miseria


El jueves, volviendo a Madrid desde Albacete, pude escuchar por la radio las declaraciones de la ministra de cultura Ángeles González-Sinde, con esa voz pausada y algo displicente, diciendo que las corridas de toros forman parte de la cultura y son una representación de la vida.


Soy una persona que se considera tolerante y respetuosa con la reglas del juego, a veces un poco cuadriculado y algo puñetero cuando me llevan la contraria, pero bueno, ¿quién no lo es? Pues eso, que justo un día después de la votación y de las lágrimas del torero, en mis primeras horas de día tras el despertador, mientras preparaba la jornada e intentaba digerir todo lo dicho de un lado y del otro del ruedo, escribía un comentario en el blog de Rosa María Artal referente a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Nunca es fácil decirlo todo, es cierto, pero la conclusión era que sin entrar en qué es cultura, arte o estética y qué no, quedaba suficientemente claro que el límite lo ponía la dignidad, la ética y el respeto.


Todo parecía perfecto: una idea sencilla y un argumento claro. Pero al darle al botón de enviar, me acordé del poeta maldito, del escritor borracho y del músico heroinómano y pensé: “¡Eso es cultura!, ¿o no?... ¿De qué estoy hablando?, ¿del artista o de la obra?, ¿de arte o de miseria?”


Es difícil explicar por qué la decadencia, la muerte y el sufrimiento son tan fascinantes, bueno, no es que sea difícil, es que es una discusión que nunca lleva a nada, una respuesta sin consenso, un callejón sin salida en el que lo único cierto es esto: “La muerte y el moho, nos ponen”. Si alguien no ha visto la escena de la sauna de Promesas del Este en la que Viggo Mortensen lucha en pelota picada por su vida a navajazo limpio, que la vea y que luego me diga mirándome a los ojos que se ha quedado indiferente.


Siguiendo con el cine, unos días antes de la votación, volví a ver Funny Games con mi hermana. Ella no la había visto, pero yo ya sabía de qué iba el juego. He de reconocer que sentí cierto placer sádico al notar su desconcierto y su incompresión frente a esos molestos silencios y los guiños a la cámara del niño rico. ¿Tampoco la has visto? Me parece que te queda mucho trabajo por hacer, no sé a que esperas, pero eso sí, cuando las veas, tras recordar las heridas de Viggo y tragar saliva, me cuentas cómo te sentiste y qué hiciste frente al televisor.


Ejemplos, tantos como queramos. ¿Quién no tiene una foto retratando miseria? ¿Quién no pisa el freno y alarga la cabeza al pasar frente a un accidente de circulación? Yo fui uno de esos que corrí a ver a Leopoldo María Panero borracho y destrozado por el alcohol, dando una supuesta conferencia en un supuesto acto cultural de la facultad, a cambio de salir de Mondragón y de unos cuantos botes de cerveza. ¿Quién puede negar que los toros se han nutrido de miedo, miseria y circo? El espontáneo que salta a la plaza en busca de fama y dinero, la tonadillera nacida en una chabola y elevada a símbolo de una España convertida en una tierra de oportunidades muy particular, todos bufones de nuestro circo identitario y cultural, eso sí, todos ellos parte de la representación de la vida, como diría la ministra.


¿Todo esto por qué? No lo sé, pero hay algo atávico en nosotros que acabamos disfrazando de cultura, arte o estética y que evitamos llamarlo fascinación o simplemente placer, esos instintos primarios que reprimimos, canalizamos y moldeamos y que nos hacen ser capaces de convivir, crear obras de arte, fundar civilizaciones o levantar ciudades, ciudades que luego destruimos para admirar con fascinación sus ruinas y su decadencia. Siempre existirá la duda, la pregunta que nos empuje a entendernos mejor y que nos obligue volver a retomar el debate de siempre, la pregunta del millón. Pero una cosa es cierta, con razones o sin ellas, con contradicciones o no, al final, como dijo Jean-Paul Sartre, todo se reduce a esto: “Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás.”, y ahí es donde nos topamos con nosotros mismos.


Casi siempre, reconocer los límites es tarea complicada.


martes, 27 de julio de 2010

RENFE agoniza


Un niño llora, los abanicos suenan y el sudor hace aflorar la sorna andaluza: “Esta calor va a conseguir lo que tú no has hecho en sesenta años, ¡matarme!” ¿Es posible que noventa personas estén dentro de un vagón a treinta y muchos grados? Pues sí, eso parece.


Suena por megafonía: “Próxima estación: Valencia norte

Parado en la vía, viendo y sin poder tocar todavía la estación de Valencia y esto que no se mueve. Pasa un ALVIA a toda velocidad por la otra vía. Quedan todavía cuatro horas mínimo para llegar a Barcelona.

Tren ARCO GARCÍA LORCA, un tren que ha unido la península de una punta a la otra: Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Cataluña, heredero de los trenes que llevaron a mis padres de Albacete a Barcelona y a tantos otros que huyendo de la miseria se decidieron a probar fortuna en tierras catalanas. Pero este trayecto caerá en el olvido, estoy casi seguro, y lo más triste es que ya sé respuesta: “El trayecto natural es ir en AVE: Sevilla-Madrid-Zaragoza-Barcelona”

No sé qué pensará el ministro de Fomento José Blanco sobre esta línea que he visto deteriorarse año tras año de manera directamente proporcional al desarrollo de la alta velocidad, supongo que entrará dentro de esa lista de líneas deficitarias que deben desaparecer. Pero, ¿no era RENFE un servicio público? ¿Desde cuando lo público es primero rentable y luego intocable? ¿Qué ha sido de esa gran infraestructura de vías de tren que ha hecho posible el desarrollo de este país? ¿Por qué no es posible apostar por unas líneas de trenes asequibles? No hay derecho a este maltrato, a esta privatización encubierta de una parte tan importante y necesaria de nuestro patrimonio y de nuestro sector público. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando desde Alemania se aconseja a Grecia que ponga precio a sus islas y pusimos el grito en el cielo ante la idea de Berlusconi de sacar al mercado inmobiliario parte del patrimonio público Italiano. Que alguien me explique qué diferencia hay con lo que está pasando en RENFE.

Aumentan los kilómetros de autovías y autopistas, el parque móvil y la alta velocidad. Todo de calidad, de una austeridad tremendamente lujosa, con toallitas húmedas, variedad de comidas y licores. Parece mentira, hace una semana viajando en preferente a Santander y hoy a Barcelona en turista, a treinta y muchos grados de temperatura, sin película y prácticamente sin revisor.

El niño sigue llorando, supongo que no aguanta el calor ya que ni el balanceo ni los besos de su madre, consiguen calmarlo. Pero eso ya lo sabía cuando pagó los 62,40 € del trayecto Sevilla-Barcelona con sus 12:30 h de duración, ¿o no? ¿A quién se le ocurre comprar un billete de una línea deficitaria teniendo un AVE que le asegura el trayecto desde 139,10 € y en tan sólo 5:35 h?

Se me olvidaba, a los viajeros del ARCO GARCÍA LORCA siempre les queda la posibilidad de que les devuelvan un 15% del importe por avería en el sistema de AUDIO-VIDEO, o del 50% si llegan una hora tarde, eso sí, si quieren el 100%, en teoría hora y media. Como podéis ver, todo son ventajas y casi siempre toca algo, aunque a veces por cinco minutos te quedas sin premio.


Os recomiendo que veáis este gran documental de Informe Semanal que un día me recomendaron a mí: LA VIDA EN UNA MALETA.



Porque la memoria también es esto.

jueves, 22 de julio de 2010

De vuelta


Sé que debería pero no puedo. Aunque, eso de saber, no lo tengo tan claro. El caso es que sabiéndolo o no, no me sale. Estoy como al inicio de este blog: buscando pedo y dejando pasar el tiempo. Eso sí, con mucho más calor y con menos cosas que decir.

Ayer volví a escuchar el disco “Mister Heartbreak”. Recordé cómo me gustaba la portada, su isla, su avión, el rayo y cómo me quedaba embobado con la voz de Laurie Anderson. Entonces sí que había islas, palmeras, distancias y maletas dispuestas a acompañarme tan lejos como quisiese.

Hoy vuelvo a Barcelona a ver a mis padres y a mis hermanos, de fin de semana. Puede que vuelva a coger el disco. Puede que vuelva a sentarme en el comedor a mirarlo como lo hacía. Puede que lo saque de su funda y repase los surcos. Puede que lo haga, aunque seguro que no será lo mismo. Asombro, imaginación y curiosidad se llevan mal con melancolía, certeza y apatía.

Imagínate, ya podemos llegar a Marte. Y una vez allí, ¿dónde iremos?, ¿qué haremos?

Imagen extraída de la portada del disco "Mister Heartbreak" de Lauire Anderson.

martes, 20 de julio de 2010

Irse, volver y no decir nada


Esta mañana, mirando la última entrada, he visto que ya han pasado más de dos semanas. Ya lo sabía, no es nada nuevo que el reparto del tiempo te hace coger caminos diferentes y sacar nuevas libretas.

El calor, algo de trabajo y una semana de descanso, han ocupado estos días mi cabeza, aunque miento si digo que he cerrado las orejas y apretado los ojos: la victoria de la selección, el debate del estado de la nación, el estatut y no sé qué más, bueno, sí, la falta de ideas y el afán autodestructivo de la izquierda.

Sobran atriles paternalistas desde los que repetir hasta el la extenuación viejas proclamas y repartir trasnochadas consignas de izquierdas a una base maltratada, utilizada y humillada. No hacen falta mártires que se inmolen y que se echen el peso del mundo a la espalda para evitar lo inevitable.

Me sobran ideólogos de salón y me falta alegría. La izquierda no es sólo sudor y clase, es verdad, justicia e igualdad.

lunes, 5 de julio de 2010

¿Dónde crecen las noticias?


¿Alguien se ha preguntado dónde crecen las noticias? Yo llevo varios días haciéndolo y no encuentro respuesta. ¿Seguro que nadie se ha preguntado por qué todos los medios de información hablan siempre de los mismos temas? Es como si hubiese una caja común en la cual se apilasen las noticias, una maleta en la cual cabe lo que cabe y ya está.


El contenido de los periódicos, la media hora de radio y la otra media del telediario, me dibujan un mundo parcial y una realidad sesgada. Es cierto, no todo cabe y es imposible abarcarlo todo, pero, ¿todo lo que cabe es todo lo importante? No puedo creer que julio y agosto sean siempre los meses de las calabazas gigantes, de los corderos con dos cabezas o de los fenómenos extraños en una playa de Benidorm.


Pero como el medio no es tonto, de vez en cuando demuestra que sabe calcular el tamaño del mundo y en una de sus noticias me recuerdan que aunque hay mucho más, el tiempo y el espacio son limitados y que mañana ya veremos, que lo saben, pero que hoy no toca. Es como el: “Tranquilo que estamos con lo suyo, no se preocupe que todo se arreglará. Usted dedíquese a lo importante que del resto nos encargamos nosotros.”


Tras la aparición de Internet y las redes sociales, el abanico informativo se ha abierto mucho más, pero, ¿realmente tanto? Los mismos grupos empresariales de la información, grandes multinacionales o empresas de capital riesgo, se han convertido en los patrocinadores y propietarios de los medios, incluso de aquellos que como este humilde blog, son aparentemente inofensivos, pero la información es poder y ya se sabe, por si acaso, se compra.


Hay un capítulo de Los Simpson en el cual Homer crea una empresa en Internet: “Compu-Global-Hyper-Mega-Net” ¿El contenido?, ni idea, pero con ese nombre, seguro que ofrece algo. A los pocos días Bill Gates llama a su puerta, le compra la empresa y sus matones destrozan todo lo que hay encima de la mesa. Una manera muy sutil de evitar cualquier tipo de competencia.


Puede que más de uno me diga que Internet es capaz de crear una corriente de opinión casi al momento, y no lo discuto, lo que creo es que con la misma velocidad que aparece, si no interesa, desaparece o se convierte en residual. ¿Quién coloca en primera plana el “pero no te olvides de Haití” de las viñetas de Forges? ¿Dónde queda la el Afganistán de Ramón Lobo? ¿Qué Líbano conocemos tras las crónicas de Maruja Torres?


Cada vez parece menos cierta la idea de una red libre porque no ser visto es lo mismo que no existir, y eso ahora, no depende de nosotros. No confundamos, no hablo de libertad de expresión, hablo de corrientes de opinión, de la oportunidad de la noticia y del control de la información.


PD. Recomiendo para el que no la haya visto The wire, que se dedique unas horas de su vida viendo esta maravilla. La última temporada está centrada en la prensa, el medio, la información y la empresa. Una visión muy interesante.