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viernes, 1 de octubre de 2010

Tras la huelga

Siempre me ha costado tomar decisiones lo cual me ha llevado a situaciones absurdas como llevarme tres o cuatro pares de pantalones que luego no me gustaban o comprarme unos zapatos que además de feos, me apretaban. Otras veces, la indecisión me ha llevado a tomar caminos equivocados, no siempre ha sido así, pero si a la indecisión se le adosa un punto de cabezonería, la mezcla es la perfecta para llevarme al caos. Pero bueno, dejemos de hablar de mí aunque sea de la única cosa que hablo en mi blog.


Ayer, de camino al trabajo, se veían los restos de la huelga general: pegatinas a medio arrancar en los escaparates, cerraduras brillantes en viejas puertas y alguna que otra pintada, directa, poco imaginativa pero efectiva. Más o menos tardo un cuarto de hora en llegar, lo cual me da cierto tiempo para ir pensando en mis cosas y claro, ayer le llegó el turno a la huelga.


Como se puede deducir de mi anterior entrada, después de muchas dudas, apoyé la huelga. Para ello creé un eje transversal que atravesaba esos pensamientos paralelos de nuestra izquierda que por desgracia sólo tienden a juntarse en el infinito y volví a creer en su unidad, en la democracia y en la política progresista como única salida para poder deshacer parte del camino andado.


Hoy sigo pensando en esos dos puntos que suturan las heridas de la izquierda, aunque después de oír varias veces los gritos de “VICTORIA” salir de manera entrecortada desde las puertas de los bares por los que voy pasando, no puedo más que sentirme un poco culpable y no parar de pensar: ¿Y si la he cagado?


Puede que sólo tenga una cosa segura y es que la derecha es una máquina perfecta, efectiva, segura y que nunca duda. Espero no olvidarlo nunca.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Derechos

Hay momentos destacados en nuestras vidas en los cuales salimos de la rutina para participar o celebrar hechos extraordinarios, recordar fechas señaladas o para rendir homenaje a personas que han influido o han sido importantes en nuestras vidas.


Dentro de estos días extraordinarios están los días en los cuales ejercemos nuestro derecho al voto. Introducir la papeleta en la urna, además de un gesto de cultura democrática, es un compromiso y una afirmación personal con la sociedad que construimos día a día, con el ser humano libre y plural y con la política. Es tan grande la capacidad del ser humano, que hemos sido capaces de crear un sistema a través del cual, incluso aquellos que no ejercen su derecho, participan de la democracia y se benefician de nuestro gesto.


Hoy, es uno de esos días. Las huelgas nunca han sido motivo de alegría, al contrario, suelen ser el último recurso para hacerse ver, para denunciar situaciones injustas o para alertar sobre la perdida de derechos. Por eso hoy es un buen día para recordar que nuestros derechos y nuestro sistema social, los cuales no han estado siempre ahí, se han conseguido a base de lucha y política social, a base de pensamiento libre y progresista, en definitiva, a base de esfuerzo democrático.


Es posible que la huelga de hoy llegue tarde, con consignas equivocadas y armada de mala leche, pero al igual que con el derecho al voto, el derecho a la huelga es una pieza más de la maquinaria democrática y ejercerlo debe convertirse en un recordatorio a la izquierda desde la izquierda. En nuestras manos está seguir construyendo un sistema justo, solidario y público o por el contrario, dejarnos caer en manos del mercado. Podemos decidir si remamos o nos dejamos llevar, si nos dejamos querer o empezamos a repartir abrazos. Da lo mismo, hagamos lo que hagamos, le pese a quien le pese, estamos destinados a ser libres y a hacer falsa esa copla que dice: “se nos rompió el amor de tanto usarlo”. El uso es lo que da sentido al objeto, en la copla a la relación y en este caso a la democracia.


¡Viva la democracia y la política!


lunes, 27 de septiembre de 2010

Hola luna


Hoy sigo cansado. ¿Hoy?... Puede que ya sea mañana. Estas horas ya no son para mí.


Durante el camino de vuelta a casa, una cuña radiofónica me hablaba de los noctámbulos, de no sé qué ventajas obtienen los que trasnocharn frente a los que madrugan. Ya sabéis, cada uno se vende como puede o como mejor sabe, pero yo no puedo más. Os dejo con vuestras ventajas y mañana temprano, si nos cruzamos en el camino, me contáis.


Sigo cansado y espero a que los archivos viajen por la red a no sé muy bien dónde. La espera es eterna, el reloj me mira y se sorprende de seguirme viendo por aquí. Supongo que me odia por robarle estas horas, sus horas, su tiempo.


Acabó. Por fin acabó. Botón de aceptar, confirmar y los tres archivos ya están enviados, firmados y preparados para ser visados. Acabé con la angustia del que no acaba nunca y con el peso del que nunca llega.


Buenas noches luna. Ya hacía tiempo que no te veía a estas horas.


sábado, 25 de septiembre de 2010

¡Cállate!


Tiempos de primarias, de huegas, de toros y de peleas por una coma.


Una semana va a hacer desde la última entrada y ya sea por trabajo, por cansancio o por no tener nada que decir, he dejado pasar estos siete días. Pero las ganas de volver a asomarme y hacerme ver a veces son más grandes que la dignidad del silencio. Y aquí estoy, dando vueltas a esta entrada, sin contenido, sin sentido, sin motivo. Hablar por hablar. Opinar por no callar.


Entre la pornografía y mi blog, creo que a veces lo único que las separa es el beneficio económico.


Supongo que mañana volverá a salir el sol, pero a veces no sé por qué sigo.


domingo, 19 de septiembre de 2010

“Ojico con el tranvía y vivan las fiestas del Pilar”



Las muertes llegan siempre de imprevisto porque por mucho que se las espere, parece que nunca llegarán.


No hace tanto que vi las lágrimas de Carme Chacón en la entrega de la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio a José Antonio Labordeta. Ya sabía que la enfermedad empeoraba y que poco a poco consumía ese cuerpo de hombretón provinciano, pero como el miedo o el optimismo me obliga a construir otras realidades, sus lágrimas fueron auténticas bofetadas de realidad: “Labordeta se muere”, pensé frente al televisor.


Pero las noticias son como las estaciones: tras el duro invierno llega la primavera y con ella los primeros brotes del año, y volví a olvidar su cara envejecida y su voz cascada. Volví a creer en los milagros o en la lógica del justo, no sé.


Hoy le llegó su último segundo de vida. Y ahora estoy aquí, sin tiempo para creer en primaveras nuevas, sin motivos para los “quizás” o los “ya verás como”. Hoy la muerte pudo con él.


“Esto se acabó, he consumido mi tiempo y ahora me voy. ¡A la mierda todos aquellos que me odiaron y hoy llorarán por mí!”


sábado, 11 de septiembre de 2010

Ciudad inaccesible


Ayer, de vuelta a casa, tuve que dejar el coche varias calles más allá. ¿Por qué? Muy sencillo, no había sitio para aparcar, bueno, sitio sí, lo que no había era aparcamiento.

Bienvenidos a la Feria de Albacete declarada de interés turístico internacional desde el 1 de septiembre de 2008. Bienvenidos a una feria de una ciudad inaccesible.

Aunque es práctica habitual el dejar el coche encima de la acera o frente a los pasos de cebra, en estas fechas la cosa se complica mucho más. Cuántas veces no habéis oído esa frase: “Lo he dejado aquí porque no molesta”. Vamos a ver, puede que no te moleste a ti, pero qué pasa con el resto del mundo, con esos extremos de la campana de Gauss de los que tan acertadamente habla Gnómada en su blog. No creo que haga falta explicarlo.

Pero bueno, aprovechado el ambiente festivo, alguien puede decir: “Tampoco es para tanto, estamos en feria y también se puede ir por la calle o incluso mira, justo por el otro lado se puede pasar.” ¿Os acordáis de cómo he empezado esta entrada? Pues eso, que hay autobuses gratuitos y zonas de aparcamiento un poco más allá.

Dejemos ya de hablar de ejemplo de superación, de bondad y de tratar a las personas con discapacidad como si fuesen imbéciles y empecemos a comportarnos de manera civilizada y a dejar de contar desigualdades. La igualdad de oportunidades y la independencia personal es un derecho de todos y la discapacidad es algo real, visible, posible y que no tiene ni condición ni edad.

Piensa que tu egoísmo es mi discapacidad.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La oportunidad


Está visto que la naturaleza es sabia. El supuesto azar responde a leyes concretas o imaginables por la mente humana y si bien un hecho aislado puede ser inesperado, este desata una reacción en cadena más o menos cuantificable. El azar y el caos sirven para crear modelos matemáticos que expliquen movimientos incontrolados, crecimientos aleatorios, fenómenos meteorológicos, comportamientos humanos o problemas irresolubles simplemente con la estadística. A pesar de todo, sigue siendo pura teoría, pero bueno, para andar por casa, ya nos sirve la ley de la gravedad.


Ayer no leí los periódicos, no vi las noticias, no escuché la radio y apenas presté atención a lo que se decía en twitter. Pero hoy no, me he levantado y he encendido la radio, he revisado la prensa y me he encontrado con la tempestad: sindicatos, inmigrantes, islamistas, primarias, Zapatero y algo que habré olvidado.


Como explican muy bien Naomi Klein, Alfonso Cuarón y su hijo Jonás al realizar un corto basado en el libro “The shock doctrine”, cuando peor van las cosas, mejor es la oportunidad para introducir cambios. La idea en principio no tiene porque ser negativa ya que como en una explosión, la metralla va en todas direcciones. El problema es que al igual que con la teoría del caos, esta teoría del shock la tiene muy clara el mercado, el capital y la derecha, a la que no pongo calificativos por no redundar ya que derecha es derecha.


Ya hace años que se agitó la sábana del revisionismo histórico de una manera marginal, casi inapreciable y ahora personajes antaño desprestigiados como Pio Moa, se convierten en referencia y canales como intereconomía han pasado de ocupar el último puesto de los canales del paquete básico de cualquier plataforma digital a conquistar la parrilla de la TDT. Ahora que Alemania dice que se queda sin mano de obra y que necesita inmigrantes, eso sí, de calidad, en plena crisis mundial, se justifica la expulsión de los gitanos en Francia, se propone quemar Coranes el 11 de septiembre y casualmente aquí sacamos una encuesta en la cual, según La Razón, se demuestra que a más de la mitad de los españoles les caen mal los musulmanes y que los judios también, pero no tanto. Con motivo del encuentro de los sindicados en Vistalegre con la excusa de la convocatoria de la huelga general del 29 de septiembre, se aprovecha no para criticar una deficitaria gestión o una mala decisión de los sindicatos, directamente se va a poner en duda su labor, a convencernos de su inutilidad. Y ya por fin, acercándonos a la fecha de la huelga general, nos encontramos cambiando los eslóganes en defensa de los derechos, de nuestros derechos, por buena casquería para linchar al gobierno, sin matices, decapitando al líder. Por cierto, se me olvidaban las primarias de Madrid, aunque en este punto a la izquierda no le hace falta mucha intervención de la derecha, ya que mientras que una parte asiste desconsolada al espectáculo, la otra se dedica a tirar piedras sobre su propio tejado: “Tú tira que yo voy a buscarte más.”


Y mientras tanto, ¿qué hace nuestra derecha?, esa derecha tan criticada pero en el fondo tan comprendida, porque vamos a ver, ¿qué hay que responder ante una pregunta como la de la nueva encuesta de La Razón?


Desde que Ana Botella nos enseñó a sumar peras con manzanas, es posible relacionarlo todo.


Pues nada, comprar palomitas, sentarse, disfrutar del espectáculo y esperar el momento justo para entrar triunfante, para hacer de la demagogia y la falacia un trono desde el que seguir mirándonos con desprecio.


Y yo me pregunto hoy: ¿Cuándo se propondrá la desaparición de los sindicatos? ¿Cuándo el derecho a huelga dejará de serlo? ¿Cuándo nos convencerán de que el subsidio por desempleo no es un derecho y que solo mantiene a los vagos? ¿Qué es eso de que el estado nos pague las pensiones? Sí, sí, llamadme alarmista pero recordemos cuál era nuestra opinión sobre la colocación de cámaras en el centro de las ciudades hace unos pocos años. Seguro que más de uno se lleva una sorpresa o simplemente piensa que no es para tanto, si en el fondo “es por nuestro bien”.


¿Cuándo empezó todo esto? ¿Qué pasó para que no reaccionásemos a tiempo? No sé, pero el refranero popular ya se anticipó hace tiempo a la teoría del caos y a la teoría del shock, con su: “siembra vientos y recogerás tempestades”.


¡REACCIONEMOS YA!


martes, 7 de septiembre de 2010

Post-it


El domingo volví a casa, a mi rincón, a mi agujero, aquí.


Los domingos se han convertido en mi día de vuelta: dos horas y media de viaje sumando matrículas y olvidando números a la misma velocidad, dos horas y media de radio y unos minutos de parada esporádica a mitad de camino.


Como cada domingo dejé la bolsa encima de la mesita del comedor, saqué el portátil y un par de calcetines hechos una bola, preparé la cena y me acosté.


Programación de domingo, bueno, con el cable no existen programación de domingo, no existen los fines de semana, ni los dibujos del sábado después de comer ni la película de “sesión de tarde”. Todo es plano. Nada es único. Nada sorprende.


Me quedé dormido más o menos a las diez y mucho, antes de que el temporizador de la televisión hiciese su trabajo. Once, doce, una… seis y sonó el despertador.


Ya era lunes, semana nueva.


A las ocho fui a ducharme, me miré al espejo y casi con sorpresa me dije: “No recordaba esa barba en mi cara.”


No sé por qué, bueno, puede que sí, da lo mismo, pero hice una foto al espejo, lo apunté en un post-it y lo pegué en la parte de abajo del teclado.


Tengo la mesa y la cartera llena de post-it. Me preocupa olvidar. No quiero olvidar.


lunes, 30 de agosto de 2010

Ansiedad


Hoy he vuelto a madrugar. Ya hacía dos semanas que me dejaba llevar por las mañanas y que miraba el reloj sólo de vez en cuando y de refilón. Pero hoy he vuelto a la rutina, a recuperar el día a día y a organizar la jornada antes de que salga el sol. El despertador ha sonado de nuevo a las seis, he jugado un rato con los cinco minutos de repetición de la alarma, me he levantado, me he mirado al espejo, he preparado el café y he encendido una vez más el ordenador.


Recuperar los hábitos puede convertirse en algo cansino y penoso. Volver a lo ordinario para dejar de lado lo extraordinario descoloca un poco, por no decir bastante, pero puede que sea necesario recuperar el paso cansino. Ya se sabe, la intensidad es rápida como la luz y efímera como un chispazo y no hay cuerpo que aguante un subidón eterno.


Volver, nos fija al suelo, nos proporciona rutina y nos devuelve los hábitos de vida y de trabajo, en resumidas cuentas, nos regala una nueva hoja en blanco, a veces inmensamente pesada y vacía, para ir llenándola de futuro, de deseos, de esperanzas o simplemente de humo.


Volver también suele convertirse en un alivio al recuperar el control total del entorno, otra cosa es que lo neguemos o que una vez hecha cierta la frase: “como en casa en ningún sitio”, queramos volver a tener lo que hemos dejado atrás. Conformarse con el ahora, saber apreciar el momento justo y dejar de lamentarse por lo que pudo ser, no ha sido nunca tarea fácil: quítame algo para que automáticamente lo convierta en objeto de deseo, dime que sí para que empiece a negarlo todo o háblame de la luna de hoy para que eche de menos el sol de ayer.


Mira tú por donde, parece ser que tanto la ida como la vuelta nos generan ansiedad: ansiedad por ir hacia lo deseado y ansiedad por volver a lo conocido.


No sé, puede que sea parte de nuestra esencia pisotear las margaritas que plantamos ayer por coger las nuevas de hoy o generar cambios bruscos en el día a día para hacer antagónicas las horas de trabajo con las de ocio. El caso es que cualquiera de los trayectos que andemos o cualquiera de los momentos que vivamos, se convierten en rutinas, diferentes, es cierto, pero rutinas. Rutinas en las que recogemos día a día un nuevo reloj envuelto en celofán, lo desenvolvemos y contamos con ansiedad cuántos quedan en la caja, cuántos faltan para poder abrir una caja nueva. Contando, contando y perdiendo los detalles de cada reloj, deseando abrir el siguiente y añorando el anterior.


Está visto que la estancia en cualquiera de los trayectos, también genera ansiedad.


Voy a ver qué está pasando en el mundo.


lunes, 16 de agosto de 2010

Hasta la vuelta


Estos días, preparando la siguiente entrada del blog, he ido apuntando cosas, ya sabes: libreta por aquí, documento de Word por allá. Ideas sueltas, frases merecedoras de ser finales de relatos, palabras que me recuerden algo, comentarios estúpidos, un poco de todo. Pero ahora que me he sentado dispuesto a escribirla, no sé, no me queda muy claro de qué hablar.


Tenía pensado hablar de cómo no sé separar lo personal de la noticia o del comentario que hago. Aunque bueno, también me pasa en lo profesional y claro, así me va, acostándome todas las noches con mis clientes y levantándome con sus problemas. Pero este no es el tema de hoy, porque hoy no quiero hablar de esto.


Otro tema posible era la eterna sensación de estar metiendo la pata o creer que me están tomando el pelo. ¿No os pasa a vosotros? Así me volví a sentir ayer releyendo algunos de mis tweets antiguos y comentarios en otros blogs. Fue entonces cuando escribí uno de mis apuntes: “Asomarse por la ventana y opinar sin tener ni idea ni derecho a hacerlo”. En serio, ¿no te has sentido nunca manipulado por buena fe, por orgullo o simplemente por desinformación? Menos mal que, enlazando con la primera idea, la falta de objetividad me mantiene a salvo de creerme ser algo que no soy. Pero bueno, aunque es una buena idea de inicio, hoy no toca escribir sobre esto.


La verdad es que debería escribir sobre lo que era realmente el gran tema, el inicio de ese guión: la madurez. Este es un tema recurrente y que cada cierto tiempo llama a mi puerta. ¿Cuándo sabe uno que ha alcanzado ese estado? ¿Es un estado límite? ¿Es la marca del adulto? Yo, no lo sé, quizás por eso siga haciéndome esas preguntas. ¿Será por eso que mis enfados parecen rabietas? ¿Será por eso que soy capaz de disfrutar tanto con una película de zombis como con un buen relato? ¿Será por eso que soy capaz de hacer tantos paralelismos como quieras entre los Simpsons y lo que pasa cada día en el mundo? ¿Qué no te has comprado la PS3? Para, para, que este es un tema que da para una entrada entera.


Me parece que hoy no va a ser el día, así que seguiré estos días de vacaciones madurando mi futura entrada y dando forma a las ideas.


Nos leemos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Lo que digo y lo que quiero decir


Esta mañana, trabajando en una hoja de cálculo, me ha surgido una duda referente a las macros en Excel.


Por si alguien no sabe de lo que hablo, las macros son programas ejecutables que se insertan en un documento y permiten por ejemplo: automatizar procesos, avisar con ventanas emergentes, etc., en definitiva, herramientas que visten de gala una aburrida hoja de cálculo. Estas macros, una vez insertadas en el documento, necesitan un interruptor, es decir, un botón que active el programa en cuestión y ejecute la rutina programada.


Pues eso, que mientras andaba liado con las fórmulas, datos necesarios, datos informativos, datos estimados, me ha surgido una duda: ¿cómo puedo activar una macro sin necesidad de pulsar un botón? He revisado algún ejemplo que tenía, apuntes sueltos y al final he acabado acudiendo a ese gran invento que son los foros y los blogs. Abro el Firefox, aparece Google y tecleo:

macro sin botón


Aprieto el botón de búsqueda y… El resultado. Totalmente desconcertante:


Quizás quiso decir: macro con botón


Ante esta propuesta, insinuación o espejo del subconsciente, ¿qué hacer?, ¿seguir como si nada?, ¿hacerle caso a Google?, ¿fiarme del resultado del botón?


¿Hacia dónde vamos?... No sé, puede que mañana haga la prueba y lo teclee en el buscador.


Aunque los tiros iban por otro lado, acabaré con una frase de ese gran Arquitecto y maestro, Frank Lloyd Wright: “Si la cosa sigue así, al hombre se le atrofiarán todos los miembros salvo el dedo de apretar botones.


martes, 10 de agosto de 2010

Es por tu bien


Tendría unos diez años, más o menos, cuando me compraron aquellos pantalones amarillos. Yo no los quería, me sentía ridículo con ellos. El color estaba bien pero me quedaban muy ajustados y se me transparentaban los calzoncillos, y aunque siempre he sido un poco payasete, también he sido algo pudoroso. El caso es que no sé muy bien por qué, pero no me negué: porque no sé, porque no me sale o por comodidad, no estoy muy seguro de la razón, pero acabé con unos pantalones de marca, de “gran calidad”, la envidia del vecindario, pero con los que no me sentía a gusto.


No sé si recordáis el capítulo de Los Simpson, en el que Seymour Skinner y Edna Krabappel se lían en el cumpleaños de Martin Prince. A partir de ese día, intentan llevar en el anonimato su historia de amor. El problema es que en el colegio es complicado y claro, un día les descubren besándose en el almacén de materiales. Acusados de tener relaciones sexuales en el colegio, acaban despedidos. Como Bart se siente responsable por haberles descubierto, habla con Skinner para que evite el despido, para que tome las riendas de su vida y que no acabe como siempre, haciendo lo que le dicen los demás: su sargento en Vietnam, su madre, el superintendente Chalmers, etc.


Puede que esa parte del perfil de Skinner sea muy parecida a la mía y a la de muchos de nosotros. Dejar de decidir es muy cómodo, uno se deja llevar y algo pasará. Es cierto que a veces no es tanto un problema de pasividad, como de exceso de confianza o simplemente de estupidez, ya sabes, que le toman a uno el pelo, o que se lo deja tomar.


Pero sigamos con la historia, ¿qué pasó después de salir del probador con esa cara de “esto no me gusta”? Pues que acabé cargando con la bolsa que contenían ese par de pantalones deseados por todo el mundo, menos por mí, claro está.


Como todo en este mundo, incluida la pasividad y el exceso de confianza, llevan inercia. ¿Quién es capaz de parar años y años en línea recta? ¿Quién es el guapo que desvía la trayectoria del cometa? Yo todavía sigo preguntándome cómo hacerlo y puede que al PSM le suceda lo mismo.


A veces, lo mejor no es lo necesario.


jueves, 5 de agosto de 2010

1+1=1


Viendo los datos que arrojan el balance semestral del Ministerio de Igualdad presentados por el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, parece que algo no cuadra. En pleno siglo XXI, siguen aumentando las muertes de mujeres a manos de sus parejas y lo que es peor, seguimos justificando el maltrato como algo inevitable, como un hecho que sucede dentro del ámbito privado de cada casa: “Eso no es cosa mía. Yo no puedo hacer nada. Son problemas de pareja.”. Seguimos creyendo que el maltratador es alcohólico, drogadicto, con problemas psiquiátricos o inmigrante, ya sabes, de otra cultura. Por algún motivo necesitamos alejar de nosotros, tanto como sea posible, el perfil del maltratador y que además las razones, sus razones y sus motivos tengan una explicación rápida, lógica y sencilla. Pero, ¿qué pasa cuándo nada cuadra?, ¿cuándo el maltratador es “totalmente normal”?, aparece el: “Esto son cosas que pasan. A veces es inevitable. Las cosas son como son.”


El maltrato sigue siendo tabú, algo de lo que no hay que hablar porque es motivo de vergüenza. Lo triste de todo esto es que no lo es tanto para el maltratador como para la maltratada. No sé qué es peor, la marca de la paliza o el estigma de mujer maltratada que llevará de por vida, porque como opina el 40% de los encuestados y la mayoría del 60% que calla: “Es culpa suya por no haberse ido de casa”.


Ayer vi el corto “El orden de las cosas”, de los hermanos Alenda, y la idea me gustó porque sigue la línea de “Te doy mis ojos”. A diferencia de otras películas, no parte de una visión única, no simplifica el problema, intenta ir algo más allá y acerca el problema. Cada vez estoy más convencido de que muchas de las campañas de denuncia y de noticias sobre maltrato, acaban volviéndose en contra de la víctima, y que más que ayudarlas, acaban culpabilizándolas y escondiéndolas más y más. Hay una parte importante de la historia que inconscientemente olvidamos o que realmente queremos olvidar: La mayor parte de las parejas que sufren maltrato, tienen un origen común con el resto de parejas: “el amor”. Los vínculos que llevan a dos personas a iniciar una vida en pareja o a tener hijos en común, no son tan sencillos de romper, y por muy ilógico que parezca, muchas veces la mujer maltratada sigue queriendo al maltratador. ¿Quién soy yo para culpabilizar a esa mujer? ¿Qué hago, ayudo o señalo?


Sigamos con las preguntas: ¿Cuántos casos de maltrato conocemos ? ¿Cuántos de ellos son de vecinos? ¿Cuántos pertenecen a personas cercanas? ¿Cuántos maltratadotes conoces en tú familia? ¿Has consentido el maltrato? ¿Has maltratado alguna vez? ¿Qué harías tú si fueses víctima de maltrato?


Es fácil opinar, dar consejos, criticar y culpabilizar cuando uno evita mirarse al espejo e intenta verse tal y como es, con todos sus miedos y contradicciones, con todas sus puñetas, con toda la vergüenza que arrastra, con la herencia de la abnegación y del cinturón.


miércoles, 4 de agosto de 2010

Día raro


Hoy me ha dado por revisar entradas, ya sabes, como cuando le entra a uno la necesidad de ordenar la mesa. No entiendo muy bien ese proceso, esa necesidad de hacer balance, de alejarse un poco y mirarse, de desempolvar cajas dormidas.


La verdad es que el día ya ha empezado de manera sensiblemente diferente. He estado desde las cinco de la mañana durmiendo en intervalos de cinco minutos, con el móvil en la mano y el dedo preparado para el siguiente aviso. No sé muy bien cómo, pero al final, el móvil ha pasado del juego y me ha dejado dormir más de la cuenta:


- ¡Casi no llego!

- ¿Dónde?

- ¡No sé, pero casi no llego!


La mañana ha pasado lenta y he hecho cosas no habituales, incluso he desayunado, cosa que no suelo hacer, pero he creído que un café y una magdalena de chocolate me centrarían un poco. Nada, no ha pasado nada, todo igual, bueno, no todo: ardores en el estómago y he ordenado la mesa. Algunos dirían que realmente he movido las cosas de sitio, pero llámalo como quieras, el proceso mental se ha producido.


Mesa ordenada y todavía las doce. He empezado a leer entradas viejas. Como sospechaba: Ni tan bueno, ni tan ingenioso, ni tan nada de nada… Bazofia.


Me he deprimido un poco más, pero bueno, casi han pasado las seis horas, a las tres de vuelta a casa.


Quítate la ropa sudada, lávate las manos y haz la comida. Enciende el ordenador… ¡NI NO NIIII, NOOO NIIII! Ya está, pen drive y a imprimir como un loco que mañana hay que entregar las carpetas.


Imprimir, cortar, doblar, taladrar, encuadernar y firmar.


He seguido pensando. Cuarenta años y algunos recuerdos. Uno, cinco, diez, veinte años en otro tiempo, en otro sitio.


Busco humo por Internet. ¿Ordeno la mesa? No, mejor le hago una foto.


Pues sí, ha sido un día raro.