
Mañana hará una semana desde nuestra primera asamblea en el PSM. Sentados en aquella vieja sala que arrinconaba un yunque desproporcionado de cartón piedra, nos encontramos con “la base”: indignados, cabreados, pacientes, críticos, llorosos, abnegados, respetuosos, fieles, cansados, discrepantes, democráticos…
Pensé: "Ojalá que a la siguiente asamblea viniese alguien ajeno al partido para que viese las tripas y las vísceras de aquellos que son capaces de convertir “la política” en algo más que palabras huecas en bocas oportunistas."
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Llevaba desde el jueves pasado dándole vueltas a esta entrada y he creído que hoy, mientras buscaba respuestas a por qué se han vuelto a cruzar líneas que poco o nada tienen que ver con la indignación y mucho con la intolerancia, era el momento de ponerles cara a aquellos que desde sus miserias, sus alegrías y sus convicciones, también hacen política. Porque yo también soy un indignado y por eso mantengo intacto mi derecho a la queja, a la defensa de mis derechos, a manifestar mis opiniones y a exigir honestidad, responsabilidad y coherencia a aquellos que han sido elegidos en las urnas. Porque creo que todavía sé encontrar las diferencias entre democracia, oportunismo, populismo y llamémoslo por su nombre: fascismo.
Porque la indiferencia, el desprecio a las instituciones, la exclusión y el silencio también cuentan en las urnas, voté y votaré. ¿Lo harás tú?
Siempre
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